Ir al contenido principal

MAGNIFICAR LOS PROBLEMAS


No podemos evitar que en nuestra vida se presenten problemas o dificultades, pero si determinar cómo afrontarlos y cómo nos afectan. Nuestro estado de ánimo y actitud determinan la forma en que asumimos un problema. Los pensamientos que elaboramos influyen en nuestras emociones, y a su vez como nos sentimos afecta a nuestra forma de pensar, y por tanto a nuestra capacidad para procesar y gestionar las cosas que nos ocurren. El grado de importancia que damos a un problema depende de la fuerza mental y emocional que tenemos en ese momento.

A veces consideramos que un problema es grave hasta que nos surge otro mayor o alguien nos cuenta un problema más grave que el nuestro, en ese momento pensamos “pues no era para tanto”. Pongamos un ejemplo, imagina que vas por la mañana en coche camino del trabajo, y estás preocupado porque el día anterior enviaste a tu jefe un informe con datos incorrectos y hoy tienes una reunión con él para hablar de ello. Piensas que es un problema importante porque tu jefe te va a reprender, le das vueltas a cómo pudiste tener ese error, repasas mentalmente lo que le vas a explicar, y en definitiva tienes un bombardeo de pensamientos sobre ello. Pero en el trayecto tienes un pequeño accidente al chocar con otro coche, y automáticamente tu nivel de preocupación cambia, ahora esa reunión posiblemente ya no te parezca tan importante en comparación con esta nueva situación, a pesar de que solo hace unos minutos lo era. Vamos más allá, a continuación, recibes una llamada y te dicen que un familiar tuyo ha ingresado en urgencias, seguro que en ese mismo momento el golpe en el coche ya tampoco es tan relevante.

Este ejemplo nos permite ver cómo puede variar la importancia que le damos a un problema. Empezaste el día preocupado por algo que, explicando lo ocurrido y corrigiendo el informe, tenía solución. Asimismo, lo del coche también la tiene, puedes repararlo dando un parte a la compañía de seguros. Sin embargo, el problema con tu familiar es más complejo porque no depende de ti, solo puedes confiar en quien le está tratando. Cuando un problema así surge, relativizas los anteriores para poder dedicar tu tiempo y tus pensamientos a lo realmente importante y prioritario, entonces ¿Por qué no poder hacerlo desde el principio y evitar la preocupación camino del trabajo?

Magnificar o no un problema depende de nosotros, de nuestra actitud, fortaleza y de nuestra filosofía de vida. Mi padre es un ejemplo de filosofía constructiva, siempre me ha dicho “ante un problema que tiene solución no te preocupes, porque antes o después la vas a encontrar. Y tampoco te preocupes ante un problema que no tiene solución, sino puedes hacer nada para solucionarlo, para que te vas ya a preocupar, asúmelo y continua hacia delante”.

Sé que aplicar esta reflexión u otras similares puede no ser fácil, la realidad es que ante un problema lo normal es preocuparse, pero si ayudan a no magnificar los problemas y aprender a relativizar. Controlar los pensamientos que tenemos respecto a una situación nos permite calibrarla de forma más objetiva y tener mayor serenidad para encontrar la solución. Asimismo, comparar unos problemas con otros te puede ayudar a priorizar adecuadamente y, te permite adaptar el nivel de importancia que das a cada uno de ellos, consiguiendo así mayor perspectiva para afrontarlo.


Comentarios