“El sentimiento de
culpa nos impide ver las cosas con claridad” (Doris May Lessing)
La culpabilidad como cualquier otra emoción es necesaria
y cumple una función ayudándonos a mejorar. Nos empuja hacia el crecimiento
personal, la reflexión, aumenta nuestro autoconocimiento, y nos permite
aprender de nuestros errores. Pero para poder cumplir esta función debe existir
un equilibrio, ya que un exceso de culpa puede limitar nuestro propio
desarrollo y nuestra capacidad de actuación.
Ante lo que estamos viviendo actualmente, las emociones
negativas se han intensificado, y el sentimiento de culpa es uno de los que
puede abrirse camino más fácilmente. Es posible que sientas culpa por estar
bien mientras muchas personas atraviesan situaciones críticas y sufren. O bien
sentir culpa por estar mal cuando crees que hay personas que tienen más motivos
que tú para estarlo. Todos estos sentimientos son normales, forman parte
nuestro lado más humano y, es lógico que salgan a la luz en estos momentos. Pero
si ese sentimiento es continúo y te genera una elevada angustia o ansiedad,
debes intentar controlarlo. Que tú te sientas mal todo el tiempo no va a evitar
la situación, ni te ayudará a encontrar soluciones.
Por tanto, si sientes que la culpa comienza a acompañarte
como si fuera una sombra que forma parte de ti, puede eclipsar su funcionalidad
y bloquearte. Para saber si estamos magnificando nuestro sentimiento de culpa existen
indicios que nos ayudan identificarlo como, por ejemplo:
- Dificultad para disfrutar de emociones positivas.
- Necesidad continua de pedir disculpas.
- Exceso de pensamientos negativos hacia uno mismo.
- Magnificar y angustiarte en exceso por tus errores y
minimizar los de otros.
- Sentirte responsable de todo lo malo que ocurre a tu
alrededor.
- Dificultad para disfrutar de tus logros, recibir halagos
o reconocimiento.
- Atribuir las cosas que haces bien a factores externos.
- Incapacidad para expresar opiniones contrarias a la de
otros, por evitar hacer daño.
- Anteponer siempre las necesidades de los demás, porque si
no, sientes que les estás fallando.
- Sentirte mal contigo mismo si crees que no cumples expectativas
ajenas o propias.
Si te has sentido identificado(a) con una o varias de estas
frases, y prolongas este exceso de culpabilidad, a medio o largo plazo puede
derivar en problemas de autoestima, inseguridad, ansiedad o depresión. Para
evitarlo podemos poner en prácticas pautas que nos ayuden a recuperar el
control sobre esta emoción, y que están detalladas en el artículo cómo
gestionar el exceso de culpa, en el área psicología.

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