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CÓMO GESTIONAR EL EXCESO DE CULPA


La culpa nos permite acceder a la información necesaria sobre las consecuencias de nuestras acciones, aprender de ellas y evolucionar como persona. No obstante, si consideras que estás siendo esclavo de tu sentimiento de culpa puedes poner en práctica algunas pautas que te ayuden a que ésta recupere la funcionalidad constructiva que tiene en nuestras vidas. Recuerda que la culpabilidad es una emoción, no una realidad o un hecho, y como emoción podemos aprender a gestionarla.

  • Busca el origen de la emoción, a veces creemos que sentimos culpa por un hecho, y nos pueden estar influyendo otras situaciones, emociones o factores de tu personalidad como la perfección, nivel de autoconfianza o autoestima.

  • Analiza de forma objetiva la situación y, si tienes dificultades para hacerlo, puedes expresar como te sientes a personas de confianza, para que te ayuden a ver si estás distorsionando ese sentimiento.

  • Atribuye responsabilidad en vez de culpa, vinculamos la culpa al castigo, sin embargo, la responsabilidad, implica poner el foco en la reparación de lo que has hecho. Por tanto, asume la responsabilidad tus actos de forma constructiva y siempre que puedas repara el daño.

  • Aprende a perdonarte, a veces los demás nos perdonan antes que nosotros mismos. Cuando magnifiques un error, piensa en si otra persona de tu entorno hubiera hecho lo mismo que harías ¿la culparías? ¿lo entenderías? ¿la perdonarías?

  • Ante un error podemos entrar en un bucle pensando cómo y porque ha pasado sin ningún fin productivo. Acepta la sensación negativa que un error puede generarte y céntrate en obtener la información relevante que te permita evitar cometer el mismo error en el futuro.

  • No tienes una máquina del tiempo, no puedes volver atrás y cambiar lo ocurrido, solo aprender de ello. Busca alternativas ante futuras situaciones similares que te puedan generar la misma sensación.

  • Cuando sientas que has fallado a alguien, analiza si es por una expectativa real de la otra persona o es tu propio nivel de autoexigencia. Pregunta a la otra persona que esperaba de ti o pon el mismo nivel de exigencia en alguien de tu entorno y piensa si le culparías o no por ese mismo hecho.

  • Haz una lista con aspectos a favor y en contra de tu actuación, identificarlos te dará una nueva perspectiva, e incluir argumentos a tu favor puede ayudar a que empieces a perdonarte.

Por último, recuerda que no existen las personas que nunca cometen errores, unas veces podemos evitarlos y otras veces no, pero en ambos casos estos errores forman parte de nuestro crecimiento personal y por tanto son necesarios.


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