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ENFERMEDAD O PÉRDIDA DE SERES QUERIDOS


El ser humano suele llevar peor que un ser querido esté enfermo que lo estemos nosotros mismos. No poder aliviar ese dolor, genera sentimientos de impotencia y frustración. Si además le sumamos el hecho de no poder verlos en ese momento tan difícil para ellos, ésto puede provocarnos muchas más emociones negativas.    

Pero si te derrumbas, no vas a ayudar en nada a mejorar la salud de tu familiar o amigo, es duro este razonamiento, pero es así. Piensa que, igual que tú necesitas que tu entorno este bien, ellos tienen esa misma necesidad. Si a su enfermedad le sumas esa preocupación por ti es posible que estés, sin querer empeorado la situación. Desahógate, hablando de lo que te preocupa con otros familiares o amigos y, si en algún momento puedes hablar con tu familiar o amigo enfermo sacar fuerzas para trasladarle emociones positivas. Que ellos tengan y vean en ti un pilar, al que agarrarse.

El dolor más traumático al que debemos hacer frente en nuestras vidas es la pérdida de un ser querido. Sin duda es algo que nos cambia por dentro y nos marca de por vida, y perder a un ser querido en estas circunstancias puede alterar el proceso natural del duelo. Cada persona afronta la pérdida de manera diferente, y las circunstancias en que ésta ocurre puede definir cómo gestionamos las distintas fases del duelo (negación, ira, negociación, dolor emocional o depresión y aceptación).

El dolor se siente, pero puede ser diferente ante una pérdida tras una larga enfermedad o ante una pérdida repentina e inesperada. Si sufrimos una pérdida por una circunstancia incompresible y sin poder vivir el momento de la despedida, puede provocar que no realicemos correctamente el proceso completo del duelo. Cuando una persona ha perdido un ser querido en un accidente se puede acentuar la fase de negación. No comprender porque ha ocurrido, porque le ha tocado a esa persona, tener la sensación de querer volver atrás en el tiempo para que eso no ocurra, todas estas emociones son normales. No obstante, el proceso de duelo se activa, cuando acompañas a ese ser querido, acudes a su entierro, lloras su pérdida con familiares y amigos, o con el tiempo lo recuerdas.

Actualmente, hay personas que no están pudiendo dar este “paso” emocional. Por ello, pueden activar y mantener en el tiempo mecanismos de defensa naturales, como la negación, y no elaborar correctamente el duelo. No hay palabras de consuelo ante una situación así, y debemos dejar que el tiempo haga su trabajo. 

El dolor no va a desaparecer, pero podemos hacer cosas que nos consuelen o de alguna forma nos reconforten. Podemos hablar de cómo nos sentimos, compartir la tristeza, intentar aceptar lo que ha pasado y los sentimientos que eso nos provoca. Buscar otra forma de despedirnos de ese ser querido, encender una vela o escribirle una carta. Elegir pensamientos que te ayuden, piensa que ese ser querido no quisiera vernos mal y abatidos. Esfuérzate por recordar las cosas positivas de esa persona y los momentos vividos, para así celebrar su vida.



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