Cuando vivimos una situación traumática que nos
causa un impacto emocional negativo podemos desarrollar una fobia. La fobia es
un miedo acentuado a un estímulo determinado ya sea una persona, situación u
objeto (animado o no) que, viene acompañado de un exceso de ansiedad. No
obstante, hay que indicar que existe otra tipología que no es causada por un
hecho traumático, sino por aprendizaje vicario (por observación), y
que hace referencia a las fobias que aprendemos de otras personas, por ejemplo,
nuestros padres.
En ambos casos, siempre que nos exponemos a ese
estímulo, nuestro nivel de ansiedad aumenta de manera súbita, pero disminuye
pasado un rato o cuándo el estímulo desaparece. El instinto natural ante esta
situación es la “huida” (evitar o escapar). No obstante, al hacerlo nos estamos
retirando con un nivel de ansiedad alto, y asociaremos la sensación de alivio
con esa huida y con la ausencia del estímulo. De esta forma, se mantiene la
percepción sobre el estímulo como generador ansiedad y el hecho de no verlo con una sensación de tranquilidad y, como consecuencia de ello, el miedo se acentúa y la fobia cada
vez se consolidará más.
Si la fobia está en una fase inicial es importante realizar desde el principio esta exposición para que no vaya a más. Y si la
fobia ya está activa, tenemos que hacer un proceso de desensibilización, ir
exponiéndonos de forma paulatina al estímulo, hasta que la ansiedad baje o
desaparezca en cada exposición.Y si la fobia persiste, recomiendo consultar a un especialista.

Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario